¿Cómo preparamos una sesión de fotos con makeup artist y styler?
Una sesión de Galla-Caballa no empieza el día de la foto. Empieza antes — con una conversación sobre quién eres, qué quieres guardar y cómo quieres verte.
Primero escucho tu historia. Qué buscas, qué quieres sentir, qué momento quieres guardar. Con eso armo un moodboard con un par de propuestas — para que tengamos la misma imagen en la cabeza y podamos iterar sobre ella.
Te propongo opciones de espacio: estudio, tu casa, un bosque, una habitación, la carretera, la playa. Todo es posible. Al final es tu historia y tú decides qué propuesta resuena más contigo.
Una vez que elegimos la historia, vemos si sumamos al equipo completo de Galla-Caballa. Fer Hinzpeter, nuestra makeup artist — con años en la industria para producciones pequeñas y grandes. Y Maro, nuestra styler — con un sexto sentido para saber exactamente qué ponerte para que la historia no solo se cuente, sino que vibre. No es obligatorio tener al equipo completo, pero es una recomendación fantástica para que la sesión tome un brillo diferente.



Con el espacio y el equipo definidos, revisamos paleta de colores, prendas y armonía visual. Luego viene la logística — fechas, horarios, movimientos. Santo y seña para que todos estemos en la misma línea. El tiempo de una sesión vuela, todo influye, y una fotógrafa todo lo ve.
El día de la sesión empieza el show.
Si hay makeup, arrancamos antes — dependiendo de la complejidad del look se requieren horarios específicos para empezar a tiempo. Maro y Fer revisan los últimos detalles: que los tonos del maquillaje conversen con la ropa. Mientras tanto, el set empieza a iluminarse y se hacen pruebas de luz.
El ambiente huele a café y té. Ese glowing moment empieza a encenderse.


Maro y yo organizamos los outfits — uno tras otro para ser veloces en los cambios. Cada sesión tiene looks diferentes, desde 2 hasta 6 cambios dependiendo del objetivo.
Si no hay makeup ni styler en el plan, revisamos juntas la ropa, organizamos un par de looks que funcionen bien y tomamos café mientras nos conocemos un poco.
Ponemos música. Y manos a la obra.
Los primeros 10 o 15 minutos son de calentamiento. No todos han tenido sesiones antes — el lente de cerca puede intimidar. Pero hay un momento en que se da el link conmigo, y ahí todo cambia. Nos volvemos confidentes. Es ahí donde te dirijo — te llevo a movimientos, escenas y versiones de ti que normalmente no sabes que tienes.

Hay sesiones muy veloces — mujeres que encuentran un espacio tan propio que se liberan rápido y llegamos a fotos fantásticas antes de lo esperado. Eso nos permite experimentar más con la luz, probar más escenas.
Cuando la sesión es en exteriores, dependemos del clima y del entorno. A veces hay gente alrededor y eso puede volverse un obstáculo — pero con unos minutos, esa pena queda en la banca y nos deja jugar bien a todos.
Cuando termina la sesión hay aplausos, abrazos y a veces lágrimas. Cada sesión es mi favorita. Cada una me enseña algo — desde lo técnico hasta lo espiritual.
Termino agotada. Son muchas emociones y trabajo físico. Pero me quedo con mil ganas de editar porque sé que las fotos te van a encantar.
Descargo, reviso, valoro cuáles marcan una diferencia y selecciono la cantidad acordada desde el inicio — pueden ser 10, 15 o 20 fotos. Te envío un correo con un link y un pin para que puedas descargarlas desde tu computadora o celular.
Al final te pido un testimonial para el sitio — no es obligatorio, pero siempre se agradece.
Todas mis sesiones tienen mi corazón completo. Crear estos momentos es parte de tu camino de vida. Y que cada vez que regreses a esas fotos te regalen una sonrisa — ese es mi objetivo.
— Sha García


